Makkah — La alfarería estuvo un día entretejida en la vida cotidiana de Makkah, utilizada en los hogares tradicionales para almacenar y enfriar agua, conservar alimentos y servir comidas, antes de que los electrodomésticos y la vajilla moderna la convirtieran de un artículo básico del hogar en una pieza de patrimonio que recuerda una época pasada.
Según informó la agencia estatal saudí SPA el 17 de octubre de 2026, la cerámica de barro llegó en muchas formas y tamaños, cada uno adaptado a una función. La más destacada era el zeer, una gran vasija de arcilla para el agua de beber. Sus paredes porosas dejaban que un poco de agua se filtrara a la superficie y se evaporara con el calor, enfriando el agua del interior, lo que la hacía invaluable en el clima cálido de Makkah mucho antes de los refrigeradores y los enfriadores de agua.
Recipientes más pequeños conocidos como mashrabiyat se colocaban al alcance de la mano para que los miembros de la familia y los invitados pudieran servirse una bebida por sí mismos, lo que los convertía en parte de la hospitalidad del hogar. ¿Cuántos hogares de Makkah conservaban todavía un mashrabiya junto a la puerta cuando llegó la electricidad?
Los recipientes de arcilla también guardaban alimentos y provisiones, y los platos de barro se usaban para servir las comidas, hasta que la vajilla de acero inoxidable, vidrio y cerámica se volvió común. Con la electricidad, los refrigeradores y los enfriadores de agua, que mantenían la comida y el agua frías y eran más fáciles de usar y limpiar, la dependencia diaria de la alfarería disminuyó.
Hoy, las vasijas de barro han encontrado un nuevo papel como piezas decorativas en las salas de majlis, las entradas y los rincones del hogar, aportando un carácter patrimonial que evoca la vida tradicional de Makkah. También forman parte del patrimonio material que merece ser documentado, reflejando las habilidades de los artesanos tradicionales y cómo las familias se adaptaron a su entorno, y ayudando a las nuevas generaciones a descubrir herramientas que alguna vez desempeñaron un papel esencial en la vida de sus antepasados.
¿Qué llevó a una vasija tan práctica como el zeer a convertirse en objeto de decoración? El cambio no fue repentino. La llegada de la electricidad transformó la cocina y el almacenamiento del hogar, y con ella llegaron aparatos que ofrecían agua fría sin depender de la evaporación ni del barro poroso. Los refrigeradores y los enfriadores de agua no solo enfriaban mejor: eran más fáciles de usar y de limpiar, dos ventajas decisivas en un clima cálido como el de Makkah.
La SPA describe que el zeer era la pieza más prominente entre las vasijas de barro. Su funcionamiento dependía de una propiedad sencilla y eficaz: las paredes porosas del barro permitían que una pequeña cantidad de agua llegara a la superficie y se evaporara con el calor del ambiente. Ese proceso retiraba calor del agua contenida en el interior y la mantenía fresca. En una ciudad de temperaturas altas, esa cualidad convertía al zeer en un recurso doméstico de primer orden mucho antes de que existieran los refrigeradores y los enfriadores de agua.
Junto al zeer, los mashrabiyat ocupaban un lugar distinto pero igualmente cotidiano. Eran recipientes más pequeños, colocados al alcance de la mano, para que familiares y visitantes pudieran servirse una bebida sin ayuda. Ese detalle los vinculaba directamente con la hospitalidad del hogar: no eran solo utensilios de almacenamiento, sino parte del gesto de recibir a los invitados. ¿Se puede medir la hospitalidad de una casa por la facilidad con que un invitado podía servirse agua?
La alfarería también cumplía funciones relacionadas con la comida. Los recipientes de arcilla guardaban alimentos y provisiones, y los platos de barro se empleaban para servir las comidas. Ese uso se mantuvo hasta que la vajilla de acero inoxidable, vidrio y cerámica se generalizó. La sustitución no fue solo estética: los nuevos materiales ofrecían otras propiedades de limpieza, resistencia y uso diario que la cerámica tradicional no igualaba en todos los casos.
El declive del uso diario llegó con la electricidad. Los refrigeradores y los enfriadores de agua mantenían la comida y el agua frías y resultaban más fáciles de usar y de limpiar. Con esas ventajas, la dependencia cotidiana de la alfarería disminuyó. ¿Fue una pérdida de conocimiento artesanal o simplemente una sustitución de herramientas por otras más eficientes?
Sin embargo, las vasijas de barro no desaparecieron. Encontraron un nuevo papel como piezas decorativas en las salas de majlis, en las entradas y en los rincones del hogar. Allí aportan un carácter patrimonial que evoca la vida tradicional de Makkah. La función cambió: de contener agua y alimentos a recordar cómo se vivía antes. ¿Qué dice de una sociedad que conserva el objeto aunque ya no necesite su función original?
La SPA señala que estas vasijas forman parte del patrimonio material que merece ser documentado. Ese patrimonio refleja las habilidades de los artesanos tradicionales y la manera en que las familias se adaptaron a su entorno. También ayuda a las nuevas generaciones a descubrir herramientas que alguna vez desempeñaron un papel esencial en la vida de sus antepasados. La documentación, por tanto, no es solo una tarea de conservación: es una forma de transmitir conocimiento sobre la vida cotidiana de una época anterior.
¿Cómo se explica que un objeto tan ligado a la necesidad se transforme en símbolo de identidad? La respuesta está en la propia trayectoria descrita por la SPA: primero fue necesidad diaria, después fue reemplazado por aparatos eléctricos y vajilla moderna, y finalmente fue revalorizado como decoración y como patrimonio. Cada etapa corresponde a un cambio material concreto: la llegada de la electricidad, los refrigeradores, los enfriadores de agua y los nuevos materiales de cocina.
El caso del zeer ilustra bien esa transición. Su eficacia dependía del clima cálido y de la evaporación; su declive, de tecnologías que no dependían de esas condiciones. El mashrabiya, en cambio, estaba ligado a la hospitalidad y a la costumbre de tener bebidas al alcance de familiares y visitantes. Los recipientes para alimentos y los platos de barro se vinculaban a la conservación y al servicio de las comidas. Cada tipo de vasija tenía una función específica, y cada función encontró un sustituto moderno.
¿Qué se pierde cuando una vasija deja de usarse y solo se exhibe? La SPA no ofrece una respuesta directa, pero sí describe lo que permanece: el recuerdo de una época, el reflejo de habilidades artesanales y la adaptación de las familias al entorno. Las piezas decorativas en majlis, entradas y rincones del hogar mantienen visible ese pasado. Para las nuevas generaciones, son una ventana a herramientas que sus antepasados usaban a diario.
La información de la SPA no detalla nombres de artesanos, talleres, precios, volúmenes de producción ni fechas concretas del declive. Tampoco indica si existen programas oficiales de documentación o registro de estas piezas. El texto se limita a describir los usos tradicionales, la transición hacia los electrodomésticos y la vajilla moderna, y el papel actual de la alfarería como elemento decorativo y patrimonio material. ¿Basta el relato de los objetos para conservar el oficio que los produjo?
Lo que queda claro es el arco completo: la alfarería fue parte de la vida diaria en Makkah, con el zeer como pieza más prominente, los mashrabiyat como parte de la hospitalidad doméstica, y los recipientes y platos de barro como soporte de la comida y las provisiones. Luego llegaron la electricidad, los refrigeradores y los enfriadores de agua, más fáciles de usar y limpiar, y la dependencia diaria disminuyó. Hoy esas vasijas decoran majlis, entradas y rincones, y forman parte del patrimonio material que merece ser documentado.
¿Se puede enseñar a las nuevas generaciones la vida de sus antepasados a través de una vasija? La SPA sugiere que sí, al menos en parte: las piezas ayudan a descubrir herramientas que fueron esenciales. Y al mismo tiempo, reflejan las habilidades de los artesanos tradicionales y la capacidad de las familias para adaptarse a su entorno. La alfarería de Makkah, de necesidad diaria a decoración patrimonial, resume ese tránsito.
¿Qué era el zeer y para qué servía en Makkah? El zeer era una gran vasija de arcilla para el agua de beber y la pieza más prominente entre las vasijas de barro descritas por la SPA. Sus paredes porosas dejaban que un poco de agua se filtrara a la superficie y se evaporara con el calor, enfriando el agua del interior. Esa cualidad la hacía invaluable en el clima cálido de Makkah mucho antes de los refrigeradores y los enfriadores de agua.
¿Qué eran los mashrabiyat y qué papel cumplían? Los mashrabiyat eran recipientes más pequeños que se colocaban al alcance de la mano para que los miembros de la familia y los invitados pudieran servirse una bebida por sí mismos. Según la SPA, formaban parte de la hospitalidad del hogar. Su función no era solo almacenar agua, sino facilitar que familiares y visitantes se sirvieran sin ayuda durante las reuniones.
¿Por qué disminuyó el uso diario de la alfarería? La SPA indica que con la electricidad, los refrigeradores y los enfriadores de agua, que mantenían la comida y el agua frías y eran más fáciles de usar y limpiar, la dependencia diaria de la alfarería disminuyó. Además, la vajilla de acero inoxidable, vidrio y cerámica se volvió común para servir las comidas, sustituyendo a los platos de barro en el uso cotidiano.
¿Qué papel tiene hoy la alfarería en los hogares de Makkah? Hoy las vasijas de barro han encontrado un nuevo papel como piezas decorativas en las salas de majlis, las entradas y los rincones del hogar, aportando un carácter patrimonial que evoca la vida tradicional de Makkah. La SPA señala que también forman parte del patrimonio material que merece ser documentado, por reflejar las habilidades de los artesanos y la adaptación de las familias a su entorno.
¿Por qué se considera patrimonio material documentable? La SPA explica que estas piezas reflejan las habilidades de los artesanos tradicionales y cómo las familias se adaptaron a su entorno. Además, ayudan a las nuevas generaciones a descubrir herramientas que alguna vez desempeñaron un papel esencial en la vida de sus antepasados. Por eso se consideran parte del patrimonio material que merece ser documentado, más allá de su valor decorativo actual.
¿Qué datos no incluye el informe de la SPA? El texto de la SPA no detalla nombres de artesanos, talleres, precios, volúmenes de producción ni fechas concretas del declive de la alfarería. Tampoco indica si existen programas oficiales de documentación o registro de estas piezas. La información se limita a describir los usos tradicionales, la transición hacia los electrodomésticos y la vajilla moderna, y el papel actual como decoración y patrimonio.