En la Mezquita del Profeta, en Madinah, el imán Sheikh Abdullah Al-Buaijan pronunció el sermón del viernes y señaló que la satisfacción con el decreto divino es el mayor tesoro del alma y el fundamento real de la paz interior, y advirtió que la codicia y la envidia dejan el corazón empobrecido con independencia de la riqueza material.
Según informó la agencia estatal saudí SPA el 2 de octubre de 2026, el sermón se pronunció ese mismo día en la Mezquita del Profeta, en Madinah, y la agencia lo difundió a las 14:08 hora local, 11:08 GMT.
El Sheikh Al-Buaijan precisó que la satisfacción no significa impotencia ni abandono del trabajo, sino que equilibra la búsqueda diligente del sustento propio con la confianza firme en Allah. El imán cerró su alocución exhortando a la compasión hacia los necesitados y advirtiendo contra las exhibiciones ostentosas de riqueza que hieren los corazones de los menos afortunados.
¿Qué convierte una enseñanza pronunciada en un púlpito en una noticia que trasciende la oración de un solo viernes? La respuesta está en el lugar y en la fecha: la Mezquita del Profeta, en Madinah, y el viernes 2 de octubre de 2026, según el despacho de SPA. El sermón del viernes no es un discurso cualquiera en el calendario islámico; es una cita semanal de la comunidad, y lo que se dice en la Mezquita del Profeta adquiere una resonancia que va más allá de los fieles presentes.
El eje del mensaje fue una sola idea, formulada con claridad: la satisfacción con el decreto divino es el mayor tesoro del alma. La formulación no es menor, porque desplaza la medida de la riqueza desde lo material hacia lo interior. El imán no habló de bienes, de cifras ni de patrimonio; habló del corazón. Y advirtió, en el mismo movimiento, que la codicia y la envidia empobrecen ese corazón aunque las manos estén llenas.
¿Cómo se mide una riqueza que no aparece en ninguna cuenta? El Sheikh Al-Buaijan ofreció su propia respuesta al señalar que la codicia y la envidia dejan el corazón empobrecido con independencia de la riqueza material. Es una inversión exacta de la lógica habitual: el que tiene mucho y desea más sigue siendo pobre, y el que tiene poco y se satisface posee un tesoro. La afirmación no requiere cifras para sostenerse; se sostiene en la distinción entre lo que se acumula y lo que se posee por dentro.
El imán añadió una precisión que evita la lectura pasiva de sus palabras. La satisfacción, dijo, no significa impotencia ni abandono del trabajo. No es resignación, no es inacción, no es dejar de buscar el sustento. Es, según su exposición, un equilibrio: la búsqueda diligente del sustento propio, por un lado, y la confianza firme en Allah, por el otro. Las dos cosas conviven; ninguna anula a la otra.
¿Por qué era necesaria esa aclaración? Porque la palabra satisfacción puede confundirse con pasividad, y el imán la separó expresamente de la impotencia y de la negligencia en el trabajo. La doctrina que expuso no retira al creyente del esfuerzo cotidiano; lo sitúa en él con una disposición distinta. Se trabaja, se busca el sustento, se actúa, pero no se deposita en el resultado material la medida última de la propia paz.
La tercera parte del sermón tuvo un destinatario concreto: los necesitados. El Sheikh Al-Buaijan exhortó a la compasión hacia ellos y advirtió contra las exhibiciones ostentosas de riqueza que hieren los corazones de los menos afortunados. La advertencia no se dirigió solo a quien acumula, sino a quien muestra lo acumulado. El daño señalado no es económico sino emocional: la ostentación hiere.
¿Puede una advertencia sobre el lujo ser también una advertencia sobre la convivencia? El imán parece haber trazado esa conexión al hablar de corazones heridos. La riqueza exhibida ante quien carece no es un dato neutro; es un mensaje, y el sermón lo trató como un mensaje que puede hacer daño. De ahí que la exhortación a la compasión y la cautela ante la ostentación aparezcan juntas, como dos caras de una misma instrucción.
El orden del sermón resulta revelador. Primero, la definición de la verdadera riqueza como tesoro interior. Segundo, la aclaración de que esa riqueza no exime del trabajo ni justifica la inacción. Tercero, la consecuencia social: compasión hacia los necesitados y cautela ante la exhibición del lujo. La secuencia va de lo íntimo a lo comunitario, del corazón al trato con los demás.
¿Qué queda cuando se retira la medida material de la ecuación? Queda, según el sermón, la paz interior como fundamento. El Sheikh Al-Buaijan presentó la satisfacción con el decreto divino no como un consuelo menor sino como el fundamento real de esa paz. La palabra fundamento importa: no es un adorno de la vida interior, es su base.
La Mezquita del Profeta, en Madinah, es el escenario de este mensaje. SPA fechó el despacho el 2 de octubre de 2026 y lo difundió a las 14:08 hora local, 11:08 GMT. El texto identifica al orador como el imán Sheikh Abdullah Al-Buaijan y resume su sermón en tres movimientos: la satisfacción como tesoro del alma, la aclaración de que no implica impotencia ni abandono del trabajo, y la exhortación final a la compasión y a la cautela ante la ostentación.
¿Cómo se traduce una prédica de viernes en una guía para la semana? El propio sermón ofrece la respuesta al unir la confianza firme con la búsqueda diligente del sustento. No se trata de elegir entre una y otra, sino de sostenerlas juntas. El creyente trabaja, busca, se esfuerza, y al mismo tiempo no convierte el resultado en el árbitro de su tranquilidad. Esa doble disposición es, en los términos del imán, el equilibrio.
La advertencia sobre la codicia y la envidia completa el cuadro. El sermón no las presentó como faltas que afectan solo al orden moral abstracto, sino como fuerzas que empobrecen el corazón. La imagen es precisa: hay una pobreza que no se ve en la apariencia y que convive con la abundancia. El que envidia lo ajeno y el que codicia más de lo que tiene cargan con esa pobreza interior, según la exposición del imán.
¿Y qué decir de la ostentación? El Sheikh Al-Buaijan la situó en el terreno del daño a los demás. No la trató como una cuestión de gusto ni de estilo, sino como una conducta que puede herir los corazones de los menos afortunados. La exhortación a la compasión, formulada en el mismo pasaje, apunta en la dirección contraria: mirar al necesitado con cuidado, no con exhibición.
El despacho de SPA no incluye el texto completo del sermón ni cita literalmente las palabras del imán más allá del resumen ofrecido. Tampoco indica la duración de la alocución, el número de asistentes ni otros detalles del servicio religioso de ese viernes. Lo que sí precisa es la fecha, el lugar, el nombre del orador y los tres puntos centrales de su mensaje.
¿Basta un resumen para transmitir un sermón? No, y el propio despacho lo asume al presentar una síntesis. Pero la síntesis conserva lo esencial: la satisfacción con el decreto divino como mayor tesoro del alma, la paz interior como fundamento, la codicia y la envidia como empobrecimiento del corazón, la aclaración de que la satisfacción no es impotencia ni abandono del trabajo, y la exhortación final a la compasión y a la cautela ante la ostentación.
La estructura del mensaje permite leerlo como una respuesta a una pregunta que muchos fieles llevan consigo: ¿cómo vivir en medio de la abundancia sin que la abundancia gobierne el corazón? El imán responde con la satisfacción, pero la define con cuidado para que no se confunda con la pasividad. Se trabaja, se busca el sustento, se confía; y en ese triple movimiento se encuentra el equilibrio que el sermón propuso.
¿Por qué la advertencia final se dirige a la ostentación y no solo a la acumulación? Porque el daño señalado ocurre en la relación con el otro. El que acumula en silencio no aparece en esa advertencia; el que exhibe, sí. El sermón, tal como lo resume SPA, pone el acento en el efecto sobre los menos afortunados, cuyos corazones pueden resultar heridos por la exhibición de lo que ellos no tienen.
La compasión, en ese marco, no es un gesto opcional sino la consecuencia natural de la verdadera riqueza. Quien se sabe poseedor del tesoro interior no necesita medirse contra el necesitado ni exhibir lo que tiene. La lógica del sermón encadena así las tres partes: la riqueza interior conduce al equilibrio en el esfuerzo y a la compasión en el trato.
El Sheikh Abdullah Al-Buaijan pronunció estas palabras en la Mezquita del Profeta, en Madinah, el viernes 2 de octubre de 2026, según el despacho de la agencia estatal saudí SPA difundido a las 14:08 hora local, 11:08 GMT. El texto no ofrece más datos sobre el contenido del sermón ni sobre las circunstancias de su pronunciación.
¿Qué permanece de un sermón cuando termina el viernes? Permanece, según lo expuesto, una distinción que el fiel puede llevar consigo: la diferencia entre tener y poseer, entre acumular y satisfacerse, entre mostrar y compartir. El imán la formuló en términos de tesoro del alma y de paz interior, y añadió la advertencia sobre la codicia, la envidia y la ostentación como fuerzas que empobrecen o hieren.
El resumen de SPA cierra con la exhortación a la compasión hacia los necesitados y la cautela ante las exhibiciones ostentosas de riqueza. Son las últimas ideas que la agencia atribuye al imán en su despacho del 2 de octubre de 2026, fechado en Madinah y difundido a las 14:08 hora local, 11:08 GMT. El texto no añade más precisiones sobre el desarrollo del sermón ni sobre la congregación presente.
¿Cómo se sostiene el equilibrio que el imán describió? Con la búsqueda diligente del sustento por un lado y la confianza firme por el otro, sin que una cancele a la otra. El sermón no pidió retirarse del mundo ni desentenderse del trabajo; pidió trabajar y confiar, y no dejar que la codicia o la envidia dicten la medida de la propia paz. Esa es, en los términos del Sheikh Al-Buaijan, la riqueza verdadera.
¿Quién pronunció el sermón y dónde? El sermón del viernes lo pronunció el imán Sheikh Abdullah Al-Buaijan en la Mezquita del Profeta, en Madinah, según el despacho de la agencia estatal saudí SPA fechado el 2 de octubre de 2026. La agencia difundió el texto a las 14:08 hora local, 11:08 GMT. El resumen de SPA identifica al orador y el lugar, y presenta los puntos centrales de su alocución.
¿Qué dijo el imán sobre la verdadera riqueza? El Sheikh Al-Buaijan señaló que la satisfacción con el decreto divino es el mayor tesoro del alma y el fundamento real de la paz interior. Añadió que la codicia y la envidia dejan el corazón empobrecido con independencia de la riqueza material. Según el resumen de SPA, el mensaje desplaza la medida de la riqueza desde lo material hacia lo interior.
¿La satisfacción implica abandonar el trabajo? No, según el sermón. El imán precisó que la satisfacción no significa impotencia ni abandono del trabajo, sino que equilibra la búsqueda diligente del sustento propio con la confianza firme en Allah. SPA recoge esa aclaración como uno de los puntos centrales del mensaje, junto con la advertencia sobre la codicia y la envidia.
¿Qué exhortación final hizo el imán? El Sheikh Al-Buaijan concluyó exhortando a la compasión hacia los necesitados y advirtiendo contra las exhibiciones ostentosas de riqueza que hieren los corazones de los menos afortunados. SPA cierra su resumen con esas dos ideas. El despacho no incluye el texto completo del sermón ni más detalles sobre su desarrollo.





